domingo, 18 de julio de 2010

El dolor y el deseo, continuos y eternos

(Ensayo para el poemario "Versos Continuos" de Elizabeth Nava y Emma Flores


Abigail Rodríguez Contreras

Los viajes son sin duda ejercicios del deseo que nos impulsan a conocer otros sitios, otras tierras. Generalmente lo hacemos acompañados, pero hay deseos tan íntimos, que sólo podemos responder a su necesidad interna, en solitario, para mermar los gritos que nos exigen viajar pronto y más adentro. Así es el viaje de la literatura y especialmente el de la poesía. Ambas son marchas que se emprenden en solitario, constantes y  tierra adentro hacia el alma; alma adentro corriendo con combustibles puros y personales, que deben nutrirse en ese camino con lo que se mira, escucha, prueba, sabe y siente.

Heidegger dice que poetizar es fundar el ser en palabras. Entonces, al hacer poesía, nos aferramos quizá inconscientemente, al deseo de vaciar nuestro ser en letras, de revitalizarnos o confesarnos en una especie de colector de nuestras sensaciones. Pero sobre todo, de encontrarnos en ese largo viaje, en esa profunda tierra que es nuestro ser, y ahí nos fundarnos, ahí reconocemos nuestra mina  y explotamos de a poco sus imágenes, sus ideas y sus sonidos; ahí es donde nace nuestra poesía.

Es curioso, no sabemos cuándo es que inician esos viajes, generalmente uno se da cuenta cuando ya está dentro, excavando para encontrar ese algo sin forma, una masa desconocida que nos pesa y no sabemos qué es, un espíritu que choca contra nuestras paredes e intenta salir, escapar de nosotros a como de lugar. Cada quien lo hace como puede, sin embargo es obvio que los poetas lo hacen escribiendo, podríamos pensar, pero no es sólo el escribir, sino es más bien transferir sus deseos a los objetos, hacia las cosas, y el yo poético trasladarlo casi a cualquier cosa, sentirse uno con eso, elevar, hundir y masticar.

Y es precisamente la habilidad de transferirnos a los objetos, lo que la literatura nos ofrece como una de sus magias, justo donde se halla el limbo entre la ficción y la realidad de pronto nos vertemos en sitios translúcidos donde la poesía se vuelve más nítida y parece ser que podemos mirarlo y comprenderlo todo y en otros momentos nos condena a una celda oscura, donde la poesía se vuelve hermética y el lenguaje funciona entonces como un guardián de las sensaciones, de las verdaderos sentimientos que en muchas ocasiones, permanecen ocultas no sólo para el yo poético, sino para el mismo autor del poema.

Porque hacer poesía es revelar el ser, es casi mostrarse puro ante los ojos de alguien que quizá uno no conoce,

La compenetración entre el poema y el ser, pareciera ser entonces importante, porque ahí se  se fundan los sentimientos, se hacen sólidos y adquieren sonoridades que la poesía ofrece, donde las letras fungen como notas, los versos como compases, las estrofas como ideas que se van matizando con los creccendos y los pianísimos, los fortes; sus ligaduras, las intensiones de enfatizar las preguntas y las respuestas, y en ese un ir y venir inefable de lo que se escucha, es que comenzamos a sentir. 

NAME Y FOFE, dicen en su poemario: versos continuos: Los poetas de cartón son un colectivo poético que hasta hace poco estaba refrigerado, pues tienen la manía  de infectar al mundo con la poesía. Y es cierto, porque su manía es la necesidad de la que hablo, por llegar a otros ojos, por mostrar los tesoros que en su viaje interno han encontrado, en esa búsqueda que por años, han llegado por azar y después por cierta convicción, por un arduo excavar y excavar, incluso debo decir en el caso de NAME, de odiar lo que sale de su ser en letras, pero de eso se nutre la poesía precisamente, porque como dice María Zambrano, la poesía se nutre hasta de su propia condena.

En la estructura del poemario: Fachada, la Función y la Fricción encontramos como ambas poetas han entrelazado sus mundos, y han vertido en esos contenedores su visión, su sentir y su padecer.

NAME, colinda más con fronteras de un dolor que se sufre desde adentro del pasto, de la naturaleza que enuncia, de la muerte y de su sangre, en una poesía más visceral que se demuestra en coraje, pero repito, también en dolor, en la apropiación de los sentimientos de lo otro, pero en sí misma:

Los recuerdos son anécdotas de desconocidos en un bar

nosotros somos las galletitas que se comen los peces

cuando ninguno logra hacer más que asomarse a la pecera

y vomitar sobre los labios una y otra vez su propio nombre,

un nosotros dividido

una humanidad que aún en el agua teñida de azul navega entre excrementos.

Ambas, padecen, pero parece ser que lo disfrutan y conforme todo parece ser más claro, vienen esas redes más complejas del lenguaje que hermetizan los versos en las partes más sinceras, quizá más puras de los sentimientos, pero apresuradas por una constante del tiempo, una avidez de espera pero también de prisa.

NAME DICE:

No mentiré, no diré que te entiendo

eres un fenómeno

un acto que introdujo la vida

en un momento en el que yo sólo quería saber la hora.

 

 

FOFE nos sumerge en una realidad urbana aparentemente más palpable, Y en ese ser y en esa búsqueda de la escritura nos dice:

Mi padre me escuchó leer,

cuando llegué a casa dijo:

eso es una mierda.

Llevo dos días sin vivir en su casa, nadie se mete con mi mierda.

Y con ello nos demuestra que la poesía, su literatura, lo que la tinta corre en el papel no son sólo letras, es una continuación de sus venas, de su sangre y de su mente, y entonces preocupa cuando FOFE dice:

Yo era como la tinta de la pluma,

un día dejé de escribir...

FOFE es puntual, hasta cierto punto corrosiva, después parece suavizarse a lo largo del poema pero sin perder su fuerza, después ataca de nuevo y dice:

Me dan ganas de matarte, pero no has de besar igual.

Unos versos continuos que nos llevan de la ficción a la realidad y de la realidad a la ficción. Este poemario es de esos que nos ofrecen también historias, fragmentos que se entrelazan en  una línea de imágenes. Y en ese entrelazado de versos que se nos presentan como un abanico abierto de dolor que punza, pero que ironiza también, es que nos encontramos los lectores. Y de muchas formas entonces, sentimos ese padecer, ese sufrimiento lento de acabarnos, de desangrarnos en un acto tan puro como lo es dar a luz, de un amor inconcluso pero también terminado.

FOFE Y NAME han gestar un ser independiente que más que bifurcarse en direcciones opuestas se une para levantarse solo y puede decir: soy un poema, no necesito que nadie tenga que explicarme. Los Versos continuos, se nos presentan solos, con una capacidad muy pura de querer infectarnos de su poesía desde el momento en que tocamos sus pastas pintadas a mano, o de recorrer sus letras impresas que parecen adquirir ciertos tonos azules, conforme su pasión se vuelve melancolía y en ocasiones también coraje por descubrir que sus sentimientos, tanto el dolor como el deseo se vuelven continuos, perpetuos.  

3 comentarios:

Autem dijo...

y si escribimos nuestros odios,
¿llegará a pudrirse el papel?
Gracias por Compartirlo. cuidate.

Anónimo dijo...

Retórica Pura!!

El Abigail dijo...

Gracias por leerlo, un saludo a ambos