EUTANASIA
El Abigail Rodríguez
5.
Los perros comenzaron a ahorcarse
parecía imposible, pero se enredaron en cuerdas
se arrojaron de los rascacielos
al unísono, los ahorcados y el canto de libertad.
A.
abajo
ya estaba esperándolos a todos
con un millar de agujas en los brazos
para salvarlos por si sus cráneos no se abrían
como un campo de flores al tocar el piso.
A.5
Hoy dos hombres voltearon a verme y ladraron cosas, no hablaban bien el idioma, pero su tono era tan perverso, que tuve miedo y cerré los ojos. Me hundí en un río de saliva, quise tener aletas y piernas, nadé, corrí, nadé, corrí. Corrí como nunca; hubiese querido cortarles la lengua. Al final estaba sudando, flotando en un camión con cientos de lenguas vivas enjauladas entre dientes, sin piernas y sin aletas.
5.a.
No hicieron falta el millar de agujas, los brazos redentores, el cuerpo de verdugos misericordiosos, dispuestos a llevar al pie de la letra, los mandamientos de los dioses. Los apóstoles de la devastación, se sumaron en rezos para que cada cráneo se estrellara con intención de finiquitar el aliento de los perros, lo lograron. Después del campo abierto de flores, los hombres descubrieran el poder de decidir por ellos mismos el rumbo de su vida, mediante la lengua, mediante el lenguaje de los perros que jamás llegarán a entender, comenzaron a ladrar en secreto, a ahuyentar a las mujeres recordando otra era, el mundo gobernado por la nostalgia de los dioses dictadores.
SINLE&SINNU
1) Apocalipsis es en realidad un abandono, un abandono absoluto que hicieron juntos y tejieron nutriéndolo realmente con su sangre. Se arrojaron, dejaron solos a los hombres, construyeron un mundo ámbar de ladridos matinales, lejos de nosotros, lejos de los ahogados y las lenguas flotando; nos abandonaron, nos heredaron un mundo ingobernable y solitario.
2) Desearía que la extinción canina, no hubiese ocurrido nunca, pero la voluntad de los dioses se respeta, incluso, cuando tiene afán autodestructivo.
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lunes, 12 de diciembre de 2011
domingo, 30 de octubre de 2011
Hocico abierto & La espalda herida
El borde de la cicatriz determinaba
las intenciones dentadas de Faurecia
hocico abierto y espalda herida
la mutilación había comenzado horas antes
Los muñones escondidos entre las flores nacientes
cabalgaban como ríos insólitos de
verídico de tanta furia
era laguna púrpura el mundo
pesada y crepitante
la insistencia valía por
cercenado el espíritu
las llagas recién
el dolor de moverse
Faurecia se tritura
Soñamos sobre esqueletos dentados
ramificaciones de huesos por donde van colgando
mundo era en realidad la cicatriz de mis huellas
cuestabajo coagulaban mis recuerdos
hocico abierto y la espalda herida
caminábamos sobre una lengua púrpura
queríamos horadarnos
al parecer no hay nada más terrible
que un muñón sepultado entre flores nacientes
yo sólo quería que un mazo me doblara la espalda
imaginé mi columna partida en dos
las patas ardiendo
un bozal de hielo
grrrrrrrrr
las intenciones dentadas de Faurecia
hocico abierto y espalda herida
la mutilación había comenzado horas antes
Los muñones escondidos entre las flores nacientes
cabalgaban como ríos insólitos de
verídico de tanta furia
era laguna púrpura el mundo
pesada y crepitante
la insistencia valía por
cercenado el espíritu
las llagas recién
el dolor de moverse
Faurecia se tritura
Soñamos sobre esqueletos dentados
ramificaciones de huesos por donde van colgando
mundo era en realidad la cicatriz de mis huellas
cuestabajo coagulaban mis recuerdos
hocico abierto y la espalda herida
caminábamos sobre una lengua púrpura
queríamos horadarnos
al parecer no hay nada más terrible
que un muñón sepultado entre flores nacientes
yo sólo quería que un mazo me doblara la espalda
imaginé mi columna partida en dos
las patas ardiendo
un bozal de hielo
grrrrrrrrr
domingo, 31 de julio de 2011
Hagiografía para Isidro
Abigail Rodríguez C.
Ciudad de San Bartolo, año del silencio.
Por cada arrullo que ofrece a sus hijas bajo las cobijas caladas, Isidro se punza las manos con un alfiler, y el dolor que se repite lo hace presente en este mundo. Por cada respirar, un dogma orgánico que sólo sigue aceptando por ellas, sólo por ellas. Esconder su horror significa sacrificar el tiempo en su mundo interno, para estar con Sofía y Renata.
Isidro se asume como un extranjero, sabe que sólo puede hallarse en ese umbral entre el mundo de los otros, donde debe alojar al suyo propio para estar ligeramente más cómodo. Todas las calles son una cuerda floja tensada sobre los mundos, debajo de la cuerda, un hocico mastica a todos sus amigos. Adaptar lo que mira con respecto a lo que está acostumbrado, es el truco más útil que posee, la ruta más factible hacia un éxito inestable y momentáneo, pero funcional.
Isidro sigue siendo una pertenencia extraviada de otro mundo y lo sabe, nunca ha logrado habituarse a éste y es más difícil hacerlo con todos ellos mirando, con el hocico abajo exigiendo sus huesos. Es entonces cuando cierra los ojos, y mientras las abraza, piensa que todo el horror debe rebotar en la coraza de su espalda, porque le basta sólo con protegerlas, estar con ellas, para que el horror no las toque. Con la palma de la mano cubre su boca, con los dedos estirados les cierra los párpados, pero los párpados no siempre se cierran. Isidro es protector, es bóveda celeste cuando el cielo es una fiera sin nombre y el suelo, es un sicario que juega a cazar a los mendigos.
Es fácil localizar el lugar que Isidro habita cuando sus ojos se cierran, porque al hacerlo él imagina las tierras que alguna vez habitó antes de caer en este mundo equivocado, uno que representa el sacrificio que simboliza estar con ellas, para ser su perro guardián, ese que lo quebrantará todo con tal de protegerlas.
Él sabe que cada una de sus hijas, entiende perfectamente la pasión de su padre por ellas. Lo abrazan fuerte, besándole los párpados le sonríen eternamente con las manos abiertas, con cada dedo reclamando la transferencia del calor dérmico hacia el plástico. El amor paterno se traduce como una infinita red de sonidos simultáneos, que viajan en ondas cálidas de su boca, las pequeñas sinfonías construidas en su mente; se reproducen en imágenes debajo de los párpados de sus hijas, nadan mar adentro de sus ojos, se pierden, estallan, se reconstruyen y regresan con trazos finos devueltos por las suaves caricias de sus manos.
Sus hijas le han escrito sus nombres por la cara, con las líneas que sus dedos trazan hasta en las caricias más débiles. Isidro es el plano cartesiano de su propio mundo, en dos dimensiones se tatúan las fronteras donde el dolor se ha convertido en una nación separada de la soledad, del delirio, de la casi muerte que se niega, Isidro es una constelación y un mapa inmenso del silencio.
El amor para él, nace de la protección y el amparo hacia sus hijas; niñas de plástico que ha encontrado en los basureros, en mitad de la calle, arrojadas por otras niñas, por las malcriadas que devoran coágulos de azúcar. Isidro no encuentra en el plástico figuras infantiles: Isidro mira humanos plastificados, que necesitan del amor de otros exiliados. Él mismo preferiría ser de plástico, para que en un futuro lejano, otro Isidro lo recoja y lo llene del amor que nunca se confiere a los olvidados. Pero siendo de plástico no sentiría jamás los alfileres penetrándole la carne, no sentiría el dolor que lo hace devolverse al mundo del horror, el mundo de los adaptados.
Yo podría pensar, que hay una sentencia primigenia de la que está consciente, o quizá podría pensar que Isidro lo hace todo porque desea volverse un santo, pero no, a él no le interesan esas cosas. Isidro no desea la inclusión de los exiliados en el mundo, porque sabe que todos tienen un lugar determinado. Isidro sólo intenta cubrir con una gran tapa su mundo, impedir la entrada de otros ojos, hacia el gigantesco recipiente que resguarda a todos los desadaptados.
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