miércoles, 20 de junio de 2012
cuscuscuu
A veces, pensaba en tí cuando miraba el lavadero da la casa, estaba sucio, parecía imposible que ahí se lavara algo. Rondaban pequeñas moscas por la cocina y el comedor. Me gustaba jugar al cazador, una vez soñé con matar a todas las moscas de la casa, me daban un premio, te lo regalaba. Entonces tú apartabas a los santos de la repisa en tu recámara y lo ponías ahí, como algo sagrado. Lo cierto era que ya no me gustaba matar moscas, desde que una vez aplasté a una y al parecer aceleré su parto,
Nos gustaba llenar de humo la casa. Arrancar las últimas hojas de los cuadernos, quemarlas en la estufa; verlas arder.
viernes, 17 de diciembre de 2010
Fragmento de "perros y otras minorías"

Hoy fui a un taller de cuento y me dijeron que lo siguiente, no encajaba con el cuento, así que lo quité porque el maestro tiene razón. Pero lo pondré aquí porque me gusta y porque hoy confieso que yo, (Abigail Rodríguez Contreras) SOY NIÑATRENZAS. Je Je Je.
Fragmento suprimido del cuento "De perros y otras minorías"
La lluvia era un cadáver mutilado, arrojado por charcos a la calle. Llegado el tiempo de la evaporación, la niña no dejaba de pensar en la sepultura inevitable del aguacero de la noche anterior. Los pasos de la perra punzaban el corazón de los sonidos lacustres, en el movimiento ondular de los charcos negros; el despertar de la calle cuatro.
Loba comprendía la razón de los ciclos que terminan, pero reinician más fuertes; más ásperos. Hay una necesaria mortandad del resto de perros de la calle, que la hace sentirse más fuerte y feroz. Escalar la montaña de muertos y en la cima; aullar para anunciarse sobreviviente, pero rota desde la garganta hasta el vientre preñado en quince ocasiones.