sábado, 9 de abril de 2016

Carassius Auratus


Todo cuanto poseo son mis dedos
una vez rasqué la tierra y mis huellas desaparecieron
me fui borrando
descubrí
son inagotables las formas de morir

desapareciendo poco a poco
me gusta mirar el cielo bajo el agua
imaginar que me hundo
y no vuelvo

//

Me horadé la boca para pasar por ahí las cuerdas
hice undos ciegos
no puedo hablar

la raíz de todos los conflictos
perfora la tierra en el encierro
una vez
fui un grito de auxilio
pero los rescatistas ya estaban muertos

cerré los ojos y desperté en una casa hecha de cenizas
los metales vueltos carne

La sanción
un diluvio de cristales en los ojos

Los nuevos días repitiéndose
como metrónomos
al unísono
diseñados para presionar

//

Hay agua/ Hay lumbre/ Hay un lodazal espeso que me prohibe respirar
Me arrastro
El agua es negra
nula luz
la profundidad ha comenzado a molerme los pies



////
NO MIRAR
NO CASTRAR LA LUZ DEL CUARTO

Vibró
acomedido de sombras vibró
un umbral de reluciente rabia terminó por destruir las olas

Nos ahogamos en la casa
flotando para conseguir, los últimos recursos de aire


Los niños rodando, como enredadera de luces
cristales hechos trizas

Descubrimos a los huérfanos
YO
huérfana primera
a los mundos ciegos que seguían rodando
en pedestal de sombras
sin sonidos
con las vibraciones fuertes retumbando la casa


NO CORRER
NO MIRAR
NO GRITAR
NO ESCONDERSE

//////

El nido de las perforaciones
el azar de no comerse los dedos después de un infarto
las nubes
los colores ardiendo
la cera en la boca y el pabilo de los ojos

pero mucho pesa el plomo de los huesos

nos hundimos y respirar era imposible

Fue extraño, nos salieron escamas, branquias,
fuimos todos peces negros

////////

Decidiste disolverme
amasarme para hacer de mi una selva
debajo de mis uñas
crecieron ramas que cubrieron mis venas
y una selva de árboles redondos
acabaron conmigo después de sobrevivir un siglo


viví siempre sobre y debajo de la tierra
después de mi propia carne
la selva siguió viviendo
no morí
no he de morir  jamás


convertida en enredaderas circulares
comencé a atraparlo todo
también
nuevas semillas donde plantar más selvas
gota a gota
lluvia, rio, océano que escapa de la atmósfera y se desborda de mí


me tejí, raíz a raíz a las ceibas
gota a gota compartimos
                      toda el alma y todo el corpus de vidas nuevas
                      cuadriculando nuestras raíces
                      todo lo atrapado
                      la vida

                      el dolor
 
                      la ansiedad

   
y descubrí
que desde el centro de la tierra
son nuevas todas las formas de morir.


//////////


viernes, 27 de junio de 2014

Brrs


Apuntes a. Sin. Importancia
Miro mi carne deslavada
Varias veces al parecer me tallé contra rocas fuertes que me fueron despintando de a poco
Todo es arena mojada
Este palacio de rocas una tundra movediza
Cae dentro de la boca una tumba de animales vivos
Herpetario de ruinas sonoras
Reptar al ojo de las atrocidades es reflejo del cuerpo
Escama a escama
De niña nací para romperme
El antecedente era carta póstuma
Antesmortem las sirenas en ultrasonido, cero piernas
No, doctor, lo blanco es azul siempre
Mi cara es un isósceles perfecto
La rama de mi vida es también un hueso frágil que se agota
Lumia
rabia dentro del círculo
En mis huesos viven los años desgastados del hueso de un niño de cinco años o de la abuela que soy.
Nací, anciananiña
Me columpié en una tabla rota
Soy
Pantano
de rocas encendidas
.,.,.,.,.-.-.-.-.,.,.,.,."."."."."."
Somos el mapa cartesiano de un continente hundido que ningún viajero poderoso ha visitado. El sueño profundo y oscuro de lo que no existe, de lo que no se cree, de lo inhabitado, de lo prematuro. Mi amor son los ojos horadados que deslavan mi cara además de los huesos translúcidos, mi amor es un espejo inhabitado. Pangea subacuática, luz de luz bajo la maleza oscura. Rotos, perforados, ahogados para siempre.
Para siempre

miércoles, 16 de abril de 2014

Espuma

Ela Bigail


paisajebajoelmar



La marcha sobre la espuma dictó con su voz de mando
que cada mundo roto habría de reestablecerse en otra selva

paramar
crisol entre los profundos
cada vez naciendo bajo el agua
bajo el mar, fondo absoluto
palpé un vestido de hielo

entre la selva navegante
semilla congelada
las nubes enraizadas a mi corazón
escribieron en la partitura de mi cuerpo  un himno de flores silvestres
aguardando en un silencio sordo
invadieron de a poco el bajo mundo

entretejiendo en un ejeŕcito de hiedras, un manantial de luz proveniente de mi misma fuente

cansado, tantas veces, subi como se sube desesperada, siendo presa de fauces colosales.


EN EL SILENCIO ABSOLUTO, LOS ALIVIOS

viajé como viajaban los hombres de mi raza
viajé por un túnel de musgo y me provoqué varias veces la asfixia
renací en el camino abandonando tantas veces como pude mi piel muerta

el musgo me ató de pies a cabeza
pronto el musgo penetró en las venas
y mi sangre espesa hizo cantar de nuevo el himno verdadero de mi raza

con fuerza canté
escalé las ramas hasta razgarme tantas veces que las notas salían de mí como una orquesta marchando por el aire


escapé del agua, el deshielo del cansancio de morir tantas veces
la penumbra, el desencanto de renacer y no sorprenderse


libre, vendí mis ojos como los vendedores han vendido a mi raza
me rompí los huesos tantas veces
que después me encontraron y me exhibieron por partes encerrándome en cristales delgados
y todas las fisuras
todas las ramas desgastadas
colgando de mi cuerpo
todo de mí fue reconstruído juntanto mal las partes
piernas y cráneo
falanges y húmeros
costillas y clavícula
rodilla y musgo

puesta en exhibición detuv los truenos que mi corazón enviaban a las nubes
tuve un sueño
era desajuste y diluvio
mi cuerpo agazapado cumpliendo sueños

luz de luz
tormenta de musgo
guía y devastación

el musgo un sueño, el de guiar a los gusanos como ruta hacia mi corazón para detener los rayos, la tormenta, el gran diluvio.

Y bajo el agua canté
el himno verdadero de mi raza
la ruta sonora de los gusanos como coro celestial bajo el agua


todos los ciegos pronuncian mi nombre
todas las nubes son comarca de mis latidos
todos los gusanos bajo el agua avanzan en himno acuático a mi corazón
patria acuática
selva celeste

agua luz camino cielo






sábado, 7 de diciembre de 2013

eaeae

Es cierto
soy sangre
soy dolor
soy una cosa negra que se arrastra
soy la costra más sucia

David tiene razón
lo he defraudado
he defraudado a mi horda de perros anfibios

debajo del agua conocí el fondo del mar y más bajé y casi congelada, tantas veces como pude palpé tumba.




que se entierra
sucia vivo y
el proceso es más lento del debido y cada tres milenios la luz habrá de perforarme los huesos como un terremoto de rabia. Toca vengar. Cada mundo como el esplendor de todos aquellos a quienes no pude volver a ver, deletrear, ir perdiendo como sombras densas. Estamos solos, todos los huesos son este presente. Horda de luz, veneno de agua.




No comprendí a ciencia cierta el dolor hasta que de repente
david dijo que yo era una costa negra destinada a salvarlos a todos

Esta vez no escaparemos
todo depende de usted
la rabia

conozco un ()()()()() que atraviesa paredes y se queda dentro

viernes, 5 de julio de 2013

circunvalación

Traduje las vibraciones en espacios sonoros, nos entendimos y desde entonces, el lenguaje viene de la piel y el agua que nos habita y nos consume. Cada espora de luz nos va convirtiendo de a poco en tejidos del mundo, en transcripciones al pie de la letra de lo que no volverá a suceder con los nuevos ritmos marcados desde el magma de tu sed


 y desde el viento escalé la posibilidad de trazar relieves marítimos bajo el agua cristalina de todos los cuerpos. Caminamos, de la mano como caminan los ciervos, con los ojos vendados pero las posibilidades atadas a una nube en el cielo. Levitar, respiraciones de lo denso y lo


La maldad vive en el mar y en la alberca para niños.

Se me ha hecho costumbre llorar en la alberca. Bajo el agua los sonidos se anulan. Es más fácil explicar los ojos rojos.

Cuando niña temía al agua.
La gran alberca era como un hocico que nos tragaba de niños, siempre lloré y mis padres me tomaban fotografías desde el vidrio de exhibición, siempre llorando, insegura. Mis papás fotografiando el momento de la succión del monstruo acuático. Ahora no hay cámara fotográfica, espectadores. Nunca me han faltado las razones para llorar. Es difícil asumir la soledad, hacerla tangible, redondear el dolor con los dedos, cortarse con los filos y sangrar hacerse de tantas costras, de escudos y volver a ssangrar.

tir

Fui yo el responsable de convertir viejos océanos en nuevos desiertos, disfruto secar las cosas, hacerlas estériles, asfixiantes; agotarlas. Nací bajo una máquina de tortura, un orificio diminuto por donde calaba el agua hasta perforarme los huesos, la traquea, la vida. 

Desdentado el monstruo de las nubes, parecía maravilloso dejar volver la capa protectora de  mis venas.
nadaesverdad.

arc

dedos

Todo lo que poseo son mis dedos. Una vez rasqué la tierra y mis huellas desaparecieron. Me fui borrando y descubrí que hay nuevas formas de morir, desapareciendo poco a poco. 

Me gusta mirar el cielo bajo el agua, imaginar que al hundirme ya no volveré, como intentando atesorar la oscuridad como una impresión de lo que jamás conoceré. Sé, que no sólo en el oceano o en los grandes mares, sino en las lagunas y pequeñas presas con plantas que abrazan nuevos muertos, también vive la muerte.

arc

domingo, 16 de junio de 2013

GRLLD

Tengo la oportunidad de redimirme cada año, me encajo espinas del cerro en las piernas y camino con la cara tapada por todo el pueblo hasta que caigo, a veces me desmayo y despierto en casa, listo para la siguiente jornada de trabajo, aguantando el dolor, para que nadie descubra que fui yo quien desfiló ensangrentado con la cara cubierta.

arc

domingo, 10 de marzo de 2013

domingo, 16 de diciembre de 2012

Siempre soy

Me horadé la boca para pasar por ahí las cuerdas. Me hice nudos ciegos, no puedo hablar.  La raíz de todos los conflictos, perfora la tierra en el encierro. Una vez fui un grito de auxilio, pero los rescatistas estaban muertos. Cerré los ojos y desperté con cenizas en el cuarto. Los metales vueltos carne. La sanación, el diluvio de cristales en los ojos. Los nuevos días repitiéndose, como metrónomos, al unísono, idénticos, diseñados para presionar. Hay agua, existe lumbre, un lodazal espeso me prohibe respirar. Camino y el agua es negra, la luz no existe, la profundidad ha comenzado a morder los pies. Me jala, con lengua áspera


*a.r.c.

sábado, 17 de noviembre de 2012

Tinta

Abigail Rodríguez Contreras




Cuando lloro, escribo. Cuando me enojo, escribo. Cuando corro, no puedo escribir.

Troté y llorando con la boca cerrada llegué al cansancio. Nada pude. Mil veces recé porque no me encontraran. Pero los muchachos son todo menos débiles. Saben correr, medir el rumbo del miedo, alcanarlo. Con toda su furia patear, terminar de sangrar la herida. Caí, como caen los ciervos después del veneno en temporada de caza.

Me encontraron, tuve que elegir entre Acapulco y la clínica. Saben que detesto el sol. Me internaron. Justo cuadno necesito amigos, recuerdo que no tengo, que no puedo tener. No sé por qué, pero nunca he tenido amigos. Cristobal murió, me abandonó con todas las bestias. Garra a garra me fueron comiendo, empujándome, entre cuatro paredes, llenarme la boca de pastillas.

La primera noche fue de bruma, la mala risa, las niñas enfermas, las ancianas perdidas. Llena de suero caminé, con las piernas amarradas a la cama, me ataba a la clínica un pedestal de cadenas. Todos mis hijos son eslabones, cráneos de sal en el hielo, mi vidahielo. Me sedaron, pero la niña gritó tan fuerte, me despertó y yo no podía ayudarla. Así me di cuenta que ya era inmune a los somníferos.


Subí a piso y cambié de cuarto muchas veces. Primero tuve televisión y estaba sola. Luego compartí la habitación, regresé al cuarto, luego me tocó vivir con cuatro locas. Las bestias me dijeron que era demasiado caro mantenerme en ese cuarto. Demasiado caro fue para mi amamantarlos a todos cuando no tenían dientes para morderme.

Las cuatro locas eran fanáticas, robaron mi pluma para dibujar el símbolo de la eucaristía y muchas cruces en la sala de tele. Me culparon a mí. Otra vez las odié. Odié todo. Me prohibieron la pluma, la escritura, dibujarme las piernas y escribirlo todo, como para tragarme al mundo después de que me había sido negado. Negar todo lo negado, invisibilizarme. Ninguna tinta, ningún recurso para existir. Nadie me soporta, ni la tinta, ni mi escritura, floto.

Las locas aman el tabaco, las calma, las llena del amor que no conocieron. Se vuelven traficantes, asesinas. Una vez alguna terminó en el hospital por culpa de otra, la despojaron de su tabaco, de todo su amor por vivir.

Tengo una angustia vitalicia por seguir respirando, no termina, no se acaba. Las ventanas son altas. Lo agradezco. Algunas pacientes deambulan desnudas, defecan las esquinas. No soporto la clínica. Las manos vacías, mi vida sin mi pluma.

Cristobal murió, con las manos, con la voz que enérgica podía callarme. No puedo escriibr. No puedo dejar testimonio de mi odio, no existo, el inventario de las bestias que llevan mi apellido no será escrito.


Pensé en tinturas, me sobraba papel escondido entre el forro de un sillón del cuarto y su base de madera. Doblé una hoja y la usé como arma una vez que todas habían dormido. Me encerré en el baño y comencé a raspar la pared de yeso. Dos palabras, Cuarenta y cinco. Pero no me bastaba, las letras blancas, la pintura blanca. El bajorrelieve no me bastaba. Necesitaba tinta.

Robé todos los cigarros y con el tizne rellené cada letra, la curvatura de las vocales y las consonantes, lo llené todo, confiando en un buen castigo,  que tuvieran para mí todas las locas.




jueves, 15 de noviembre de 2012

PEZ NEGRO (Fragmento)

No mirar, no castrar la luz del cuarto.
Vibró, acomedido de sombras un umbral de reluciente rabia terminó por destuir las olas. Nos ahogábamos en el cuarto, flotabamos para conseguir, los últimos resquicios de aire. Pecera de concreto. Lumbre de agua. Los niños rodando, como enrredadera de luces y cristales hechos trizas. Descubrimos a los huérfanos, a los mundos ciegos que seguían rodando, en pedestal de sombras. Sin sonidos, con las vibraciones fuertes dentro del cuerpo. No correr, no mirar, no gritar, no esconderse. El nido de las perforaciones, el azar más puro de no comerse los dedos después de un infarto. Aquí las nubes, los colores ardiendo, la cera de la boca y el pavilo de los ojos. Pero mucho pesa el plomo de los huesos, entonces nos hundimos y respirar era imposible. Fue extraño, nos salieron escamas, branquias, peces negros.

Abigail RdgzC

sábado, 3 de noviembre de 2012

luces nacientes

La costra extinta de Dios.

cominos


Pensé en cenizas Pero descubrimos piedras hechas de huesos, carbón y fuego extinto
pesabas tanto, costaba sostenerte en el regazo, como antes, pero reducida
 me enteré que los hombres encargados de cremar, muelen los huesos, después de calcinarse martajan los cadáveres, los hacen trizas, vuelven a la hoguera, vuelven a arder como semillas del incendio. nunca dijo nada sobre el dolor, sobre la envolutra de plástico y los huesos que resistieron a consumirse.

--cmngp--

recuerdo Giselle y el piso de duela, tenía siete años y ganas de levitar, era una aldeana de huesos débiles, sin ningún tipo de miedo, no existía más pretensión en mí que levitar. las bailarinas muertas eran brillantes, Maura era una mujer hermosa de doce años, las puntas de madera giraban los escenarios, me gustaría saber dónde está ahora.


-rtr-

 prometió no sobrantes, prometió luz y caminos que salieron de la boca, ojos abiertos y ganas de estallar, prometió luna, calor, soporte, alcayatas que se vuelven rojas debajo de la noche, una hora de sueños con los ojos abiertos y una sinfonía marina de caparazones ardientes, prometer la juventud, el delirio magnífico, el círculo de creyentes, grupo de ambar y redención caliza. pero nada es, sólo bloques de huesos, caminos negros y no conocer, no cocinar, negarse a amalgamar la vida con el aliento primero, no prometió, me prometí que prometería pero no lo hizo, sólo repetía complacencias y yo me conformé, llegó la hora, enfrentamiento uno, prueba de fuego bajo el mortero de los huesos.


Raíz trebolar

Los brazos como extensiones del corazón.

miércoles, 31 de octubre de 2012

trascabo, ideas for life...

perforé fotografías y debajo de tu rostro descubrí un río contaminado


flotaron artesanales discos de petróleo, la bruma era un gigante de fauces sangrientas


otra vez, construí una fábrica y un acueducto que dio a luz a las máquinas

engranaje de carne, floreciente luz de la escalera, cada día la bruma, la pirámide inversa, el hexágono de luces y las cantinas subterráneas


más abajo de la bruma, uno debe andar de nuevo con trascabo, en espectáculo telúrico, terremoto de la rabia. Acostumbro no encender las luces cuando subo al ruido, pero esta vez, es necesario trepanar las tierras para colocarles focos de colores absurdos

yo estoy aqui, lejos

ensordecer es contundente
nacer
morir

son verbos mayores

 esa mañana imaginé y mis pensamientos se traspapelaron con deseos; se me cumplieron, fue la peor mañana de mi vida, no lloré, no reí, todo crujía y yo gritaba mientras se me partían los huesos, mientras el estallido me perforaba el cuerpo, lo dividía en gajos, mutismo, caparazón de cristal, los vidrios encajados en la boca. La primera cara que vi después de volcarme me quitó los vidrios y a mí no me importaba nada, todos callaron, la complicidad y yo enterrándome, ese coche tan grande, nosotros tan frágiles, todos muertos.



ela bigail rodríguezzz

sábado, 6 de octubre de 2012

6 DE N 28 ALUCINACIONES

ABIGAIL RODRÍGUEZ CONTRERAS



    Corran todos, corran, una colisión directa: un choque. el Motor .d esta persecusion es la veganza, las líneas horizontales imaginarias como rieles predeterminados al objetivo, a ti. Corran, corran, todos corren porque así debe ser, los dardos apuntan al blanco. La venganza apunta al culpable. Siempre. Corren, corren. Sus narices están a punto de chocar con tu columna vertebral. No tengas miedo, tus rodillas azotarán en el piso, otro choque. De nuevo revientan otros vasos sanguineos los tuyos, una venganza no planeada, quizá sí. El azar como medida perfecta de la justicia. Corre corre, la naturaleza de lo incontrolable reside en su autonomía. Debe ser quizá un inevitable eco de formas, un castillo de justicia que has construido, otro vocablo medido en pasos, una inalcanzable meta que duplicará su fortuna en tenerte tirado respirando fango. Mira tu cuerpo tirado y llora. Desata en tu pasividad su furia. Tu plena invalidez, su evidente reclamo. Corren, ellos ejecutan la venganza, el inmenso rencor acumulado, la colectividad de llantos cíclicos haciéndose presentes en tu ruptura total. ¿Cuántas vertebras se romperán en tu cuerpo esta noche?
    
Juvenal despierta abatido, con el sudor derritiéndole la cara, siente las manos diminutas, los pies inexistentes. Sostenido en una cama de agujas, los vértices esperan que despierte y se horade lentamente la piel para llenar otro bote con veinte litros de su sangre.
Juvenal despierta, busca a claudia junto y no esta. Permanece con los ojos abiertos mirando sus sábanas como dunas interminables, se detiene en una mancha menstrual mal lavada de su hermana. Toca la mancha y la recorre en su frontera de color. Y se vuelve diminuto, avienta su cuerpo y su mirada a la mancha, cierra los párpados, duerme de nuevo. se suena restregando lasangre en el lavabo de piedra de la abuela.

5 DE N 28 SILENCIO

SILENCIO
ABIGAIL RODRÍGUEZ CONTRERAS

Juvenal está plenamente convencido de las habilidades de abuela para escuchar por detrás de las cortinas, incluso detrás de los muros. Según él, abuela tiene una especie de oído receptor de acciones que a nadie le conviene retar. Esta noche como las otras, tiene bien firme en la mente la voluntad de no dar la vuelta para que los resortes de la cama no rechinen, sin embargo debe esperar el momento preciso en que Claudia entre a la cama para dar vuelta y poder abrazarla, haciendo que los resortes sólo suenen una vez, y la abuela no se entere de sus abrazos nocturnos.
Juvenal siempre durmió con Claudia, creía que su aroma le salía de la carne como un imán poderoso que lo jalaba siempre a ella, era una unión muy fuerte, muy poderosa. Fue siempre así y nunca pasó por su mente la idea de un cambio. Juvenal sabe cuántas vueltas da a la cama y cuántas veces lo destapa, le gusta cuando inconscientemente le acaricia las cejas y después se voltea con la boca abierta hacia el cielo, como esperando que su vaho llegue pronto al tragaluz y la ilumine en mitad de la noche. Claudia es un perfecto complemento de sus sueños, de la misma vida de Juvenal en la tierra y él debe cuidarla de abuela y de todos. Claudia es mayor que Juvenal por once meses y han dormido juntos siempre, ha estado con ella cada momento, hasta hace unos meses.
Claudia entró a trabajar a la casa de una mujer lavando ropa y haciendo comida, trabaja ahí todo el día y llega por la noche con los pies descalzos para no perturbar la paz ni la limpieza de abuela-Juvenal la espera con los ojos abiertos mirando al tragaluz sobre su cama, mira siempre metódicamente la casa, la estufa, el lava platos, el sillón rojo cubierto de un zarape blanco, y toda la luz de la luna parece colarse a su casa iluminando únicamente el zarape. Luego mira a la abuela sin levantar la cabeza, sólo lo que el rabo del ojo le permite ver, sus piernas obesas casi saliendo de la cama y junto, las sabanas amarillas de sus hermanas chicas roncando en contratiempo.
 En casa no hay un solo reloj, abuela detesta sus sonidos. Los minutos se escapan de sus vidas y la eternidad  forma un domo sobre ellos, al salir del domo un fuerte choque los sacude, y se reincorporan como máquinas al mundo, se vuelven títeres y hasta les salen hilos. Pero no todo dentro del domo es caos, en casa todos saben los tiempos en los que deben hacer las cosas, y Juvenal sabe perfectamente el momento en el que Claudia entra por la puerta y se quita los zapatos calados, mira en línea recta a la abuela que parece dormida y se va a su cama. Se sienta y se cubre con las sábanas al tiempo que su hermano da vuelta y le rodea la cintura con sus manos grandes y blancas, ella sonríe y le acaricia las cejas, vuelve la cabeza al tragaluz y abre la boca, cree llenarse de luna la sangre y da otra vuelta después de destaparlo tres veces.
Juvenal esta noche no duerme, generalmente cierra los ojos después de la rutina del abrazo, las caricias en las cejas y la luz que los carga de energía, pero esta vez no puede,  mañana será el primer día en que cambie de ruta por las mañanas. Tomará su bicicleta en dirección a la carretera y con una carta que abuela le ha dado irá al rastro a volverse él mismo, su propio padre. Y Juvenal descubrirá qué era lo que hacía, cuánto dinero se gastaba en las cantinas y desde qué hora estaba ahí. Juvenal sabrá porque padre llegaba con un olor fuerte a casa y tiene miedo que abuela tampoco lo deje entrar, y podrá hacerlo sólo después de bañarse en el patio tres veces hasta que el olor se le vaya de la carne. Juvenal entenderá de dónde viene tanta sangre y deseará regresar a sus tiempos de niño. A veces quiere  volver a serlo y recostarse sobre el petate,  elástico hacerse concha y ponerse la frente sobre las plantas de los pies. Luego mirar los pies blancos e hinchados de abuela paseándose mientras barre la casa y descubrirse débil ante ella. Juvenal niño volverá  la mirada a la otra esquina de la casa, sólo con el rabo del ojo, evitará mirar los nudos de la cuerda que atan a sus hermanas al árbol, busca sólo sus caras, pero el llanto de ambas se vuelve su tortura.
Juvenal no sueña, imagina su pasado y mira de nuevo  frente a sus ojos  el árbol que vomitaba cuerdas, que torturaba hermanas, y no acepta que él mismo las amarraba. Hoy no puede recordar si fue ayer que se comió las uñas de los pies, y lloró en secreto bajo la cama limpiando las lágrimas del cemento con el puño cerrado. Pero si recuerda el silencio, todo el silencio que se gesta en la casa es el suficiente, el exacto porque la casa sólo necesita el sonido de los pasos de abuela.
Pero Juvenal se sentía solo en la cama, a pesar de tener a Claudia junto, estaba solo y triste imaginándose atado al árbol hacedor de llanto. Para él, ser niño y regresar a lo básico; es volver al llanto y callarse, y ahora piensa a veces que lo único que lo separa del cielo es ese techo, y le gusta mirar al tragaluz, porque sabe que arriba de él no hay más muros, y si pudiera volar, seguramente lo haría.

4 DE N 28 ritual

SEMANA CUATRO
Cada gota de sangre es un eslabón irremplazable que concadena todas las muertes, con las próximas cien que iniciarán dentro de tres horas. Como hace tres semanas, el reloj inexistente de la casa, resuena en su cabeza y remarca las horas restantes a la suma continua de la conversión de vivos en cadáveres.
Todas las mañanas, Juvenal toma la bicicleta y con sus piernas hace girar las ruedas que lo llevan hacia su condena. Su vida se vuelve una lucha hinchada de deseos, de conversaciones unilaterales. Cada día es un suplicio que disfraza de rito, una súplica porque la jornada termine, una súplica por colgarse a sí mismo en uno de los ganchos, y matarse, pero no es así.
Cada tejido que se rompe, desgarra en su interminable eco una resistencia que se graba en su memoria. Los ojos abiertos de ellos; siempre abiertos, como esperando contemplar su propia muerte, vigilan centímetro a centímetro la condición de su asesino, la cara helada y los ojos esponjosos, la mano que tiembla en espera de un corte preciso que no prolongue más el sufrimiento.
Hace una semana descubrió que muy cerca de la cabeza de los cerdos, hay un punto que Juvenal llama el sufrimiento. Siempre intenta antes de matarlos, localizar el punto y ser preciso para así, provocar menos dolor en ellos. Es como presionar un botón, hallar la clave y cuando lo logra  ellos sufren mucho menos, su muerte es rápida.  
Juvenal siente un agradecimiento post mortem en cada uno de ellos. Juvenal acude a un ritual repetitivo que Juvenal cree necesario: Bautiza a los cerdos antes de morir, localiza el sufrimiento, y presiona el botón imaginario con su cuchillo brillante, un llanto, y bautiza al siguiente.
Intenta siempre que su trabajo sea constante y directo, sin titubeos hacia la siguiente tarea, pero se odia. Después piensa que es una tarea que ya debería ser sistemática, que ya debería encontrar por sí misma un motor que sepa diferenciar entre el trabajo y el sadismo. Pero no lo logra.
Cada gota de sangre impregna en su overol una mancha que se agiganta cuando se junta con otra. Pronto Juvenal está teñido de la sangre de todos sus Felipes. Cuando termina, limpia obsesivamente las botas, lava su overol, limpia el lugar de trabajo y se queda más tiempo ahí; lava los cuhillos, se va. Pero las manchas comienzan a tatuársele, pareciera que cada día es más difícil quitárselas de encima. Y siente miedo, un pavor de sentir siempre detrás la mirada de abuela, siempre la presión de los pasos de abuela obligándolo a limpiarlo todo, observando cada mínima mancha como un gigantesco altar a la suciedad. Juvenal sólo quiere seguir durmiendo en la cama que siempre ha dormido, contemplar el tragaluz que le da energías a Claudia. Sin embargo él ahora ya no se siente limpio, toda la pureza que hay en su hermana ha encontrado de repente su contracara, la maldad y la desgracia sumergida en cada músculo de Juvenal; Juvenal el asesino. Él sabe que hasta no estár limpio, irá perdiendo más y más ese lugar que le corresponde. Y le duele.
El filo de sus cuchillos representa toda la violencia de la que se ha querido alejar día tras día. Pero ni los rituales le  ayudan para borrar las imágenes vividas de ellos orinándose de miedo mientras lloran agazapados en las galeras, intentando no imaginar su marcha fúnebre por los pasillos siendo golpeados por Genaro. Intenta sólo no pensar en el dolor inmenso de las sogas reventándoles la carne, de  no sentir su llanto profundo calándole los oídos, rompiéndole la voz desde adentro.
Cada uno le importa, en cada uno descubre un rasgo distintivo, ha intentado dejar de mirarlos como un ser a quien querer, como algo más pequeño que debe omitir. Pero siempre falla.
Juvenal repite cada noche, cada momento en su cabeza como las planas que hacía cuando un niño: El grande se traga al chico, el grande se traga al chico, el grande se traga al chico… pero no funciona, Juvenal no se auto concibe como el grande, Juvenal no se considera superior a todos los cerdos que mata, mucho menos su igual ahora que se ha convertido en lo que es. Un asesino ante sus propios ojos. 
 



Abigail ROdríguez Contreras